Trerapurdi

De la vara recién cortada al asa terminada: el trabajo de un taller de cestería

Trerapurdi es un cuaderno de taller en abierto dedicado a la cestería en mimbre. Aquí se describe, paso a paso y sin atajos, lo que ocurre entre el momento en que se corta la vara y el momento en que una cesta terminada se deja secar sobre el banco: cómo se clasifica el material, cuánto tiempo necesita el agua, cómo se abre un fondo, qué distingue una randa sencilla de una tejida por capas y por qué un borde mal apretado acaba abriéndose con el uso.

Cuaderno editorial
Cestería en mimbre y fibras vegetales
Publicado desde España

Cesta de mimbre a medio tejer sobre una mesa de taller, con los montantes todavía levantados y varias varas de refuerzo cruzadas en el borde.
Una cesta detenida a media altura: los montantes siguen libres y el borde aún no se ha cerrado. Imagen editorial de referencia.
01 — Materia prima

La vara: corte, selección y clasificación del mimbre

El mimbre de cestería procede en su mayor parte de variedades cultivadas de Salix viminalis y de híbridos afines, plantados en cepas bajas que se recortan cada invierno. La vara se corta cuando la planta está en reposo, con la hoja caída y la savia parada: en la península ibérica ese periodo se extiende de forma aproximada entre noviembre y marzo, según la altitud y el año. Cortar antes de tiempo deja varas verdes que se arrugan al secarse; cortar demasiado tarde, con la yema ya movida, complica el descortezado y perjudica la cepa.

El corte se hace limpio y bajo, a ras de la cepa, para que la mimbrera vuelva a brotar con varas rectas al año siguiente. Lo que sale del mimbreral no es un material homogéneo: en un mismo haz conviven varas de un metro y varas de más de dos, ramificadas y lisas, finas y gruesas. La primera tarea del taller no es tejer, sino ordenar.

La clasificación se hace en vertical, golpeando el haz sobre una tabla para igualar los pies y sacando primero las varas más largas. Después se separan por grosor. Una cesta razonablemente regular se teje con material de calibre parecido; mezclar varas dispares obliga a corregir constantemente la tensión y el resultado se nota en el perfil.

Criterios de descarte y selección

  • Varas ramificadas o con brotes laterales marcados: se descartan o se reservan para piezas rústicas.
  • Varas con curvatura acusada en la base, que no se corrige con el remojo.
  • Manchas oscuras, roeduras o corteza levantada, señal de daño o de mal almacenaje.
  • Puntas muy débiles y desproporcionadas respecto al pie: sirven para randa fina, no para montantes.
  • Varas de sección ovalada o aplastada, que giran al tejer y deforman la hilada.

La vara clasificada se ata en haces por longitud y se almacena de pie, en lugar ventilado y a la sombra, hasta que se seca por completo. El secado es obligatorio: una cesta tejida con mimbre verde se afloja al cabo de unas semanas, cuando el material pierde volumen dentro de la propia estructura.

02 — Tipos de material

Mimbre descortezado y mimbre sin descortezar

La misma vara da resultados distintos según se trabaje con corteza o sin ella. El mimbre pardo, sin descortezar, conserva la piel de la planta y mantiene el tono castaño o verdoso original. Es más resistente a la intemperie, tiene más presencia visual y es el material habitual de las cestas de campo, las banastas y las piezas de uso rudo. También es el más exigente en el remojo: la corteza retrasa la entrada del agua y obliga a alargar los tiempos.

El mimbre blanco se descorteza en primavera, cuando la savia vuelve a subir y la piel se desprende con facilidad si la vara se ha conservado con el pie en agua. Queda de color claro, casi marfil, y se vuelve muy dócil tras un remojo corto. Es el material de la cestería fina y del trabajo de detalle.

Entre ambos está el mimbre cocido, que se hierve con su corteza antes de pelarlo: los taninos tiñen la madera y dan un tono canela estable que no se consigue con tinte. Pierde algo de resistencia mecánica respecto al pardo, pero gana en flexibilidad y en uniformidad de color.

Conviene no mezclar estos tres materiales dentro de una misma pieza sin una intención clara. Absorben agua a velocidades distintas, encogen de forma distinta al secarse y, si se combinan sin criterio, la cesta trabaja de forma desigual durante las primeras semanas.

03 — Preparación

Remojo y curado: devolver flexibilidad a la vara seca

El mimbre seco se rompe. Antes de tocarlo hay que devolverle el agua que perdió en el almacén, y hacerlo de forma completa: no basta con mojar la superficie, el agua tiene que llegar al corazón de la vara. Ese es el motivo por el que un remojo apresurado se paga después, en el momento de doblar un montante o cerrar un borde.

Los tiempos dependen del tipo de material, del grosor y de la temperatura del agua. Como orientación de taller, el mimbre sin descortezar necesita aproximadamente un día por cada treinta centímetros de longitud en agua fría; el mimbre blanco, de una a pocas horas; el cocido, un punto intermedio. El agua templada acorta el proceso, pero también reblandece el material más de la cuenta si se descuida.

Terminado el remojo viene el curado: la vara se escurre, se envuelve en un paño húmedo o en una lona y se deja reposar unas horas, a menudo la mitad del tiempo de remojo. Durante ese reposo la humedad se reparte de forma uniforme y la vara pasa de estar mojada a estar dócil, que no es lo mismo. Una vara curada se dobla sin fibrarse y no mancha la mano.

Señales de que el punto no es el correcto

  • Crujidos y fibras levantadas al doblar: falta remojo o falta curado.
  • Corteza que se desprende a tiras en el mimbre pardo: exceso de agua o agua demasiado caliente.
  • Manchas negras y olor a estancado: la vara lleva demasiados días sumergida.
  • Vara blanda que se aplasta al apretar la hilada: ha perdido tensión y no sostendrá la forma.
  • Puntas resecas mientras el pie sigue húmedo: el haz no estaba bien sumergido.

El material curado se mantiene utilizable uno o dos días si se guarda envuelto y a la sombra. Pasado ese punto conviene dejarlo secar de nuevo por completo antes de volver a remojarlo; alternar humedad sin llegar a secar es la forma más rápida de estropear un haz entero.

04 — Estructura

El fondo y su crucera: donde se decide la forma de la cesta

Casi todos los defectos visibles de una cesta terminada nacen en el fondo. Si la crucera queda descentrada, la pieza saldrá torcida por mucho que se corrija después; si el fondo queda plano o cóncavo hacia fuera, la cesta bailará sobre la mesa en cuanto se seque.

En el fondo redondo clásico se parten por la mitad, con el cuchillo, tres o cuatro varas gruesas y cortas; se atraviesan con otras tantas enteras y se forma la cruz. Esa crucera se aprieta con dos varas finas trabajadas a soga, que dan dos vueltas cerrando el conjunto antes de abrirse. Después se separan los radios uno a uno, repartidos de forma regular, y se sigue tejiendo en espiral hasta alcanzar el diámetro previsto.

Dos detalles marcan la diferencia. El primero es el número impar de radios cuando se va a tejer en randa sencilla: con número par, la vara repite el mismo recorrido y la hilada no avanza. El segundo es la curvatura: el fondo se trabaja ligeramente abombado hacia abajo, presionando el centro contra la rodilla o el banco, de modo que al secarse y tensarse la pieza se asiente sobre el borde exterior y no sobre el centro.

05 — Estructura

Montantes: colocación, levantada y empalmes

Los montantes son las varas verticales que sostienen la pared. Se insertan con el punzón junto a los radios del fondo, siempre con el pie hacia dentro y en la misma dirección, y se recortan en bisel para que entren limpios y agarren. Cuando están todos colocados, se marcan con el punzón por la base y se doblan hacia arriba en un solo gesto: ese pliegue, hecho en el punto exacto, es el que define la altura del ángulo y la silueta.

La levantada se fija de inmediato con una soga de tres varas, que bloquea los montantes en su posición y evita que vuelvan a abrirse. A partir de ahí, la forma se controla con la tensión: tejer apretado hacia el interior cierra la boca, tejer con la mano suelta la abre.

Los empalmes son inevitables, porque ninguna vara alcanza para una cesta entera. La regla es sencilla y evita bultos: la punta se empalma con punta y el pie con pie, de manera que el grosor del tejido se mantenga constante a lo largo de la hilada. Los dos extremos se dejan asomando por el exterior y se recortan al final, en seco, con el corte apoyado sobre un montante para que no se vea.

Manos trabajando una pieza de cestería con un haz de fibras claras abierto en abanico sobre la pared de la cesta.
Trabajo manual sobre una pieza aún abierta, con las fibras sin recortar. Imagen editorial de referencia; no documenta ninguna actividad de Trerapurdi.
06 — Tejido

Técnicas de tejido: sencilla, por capas y soga

Casi todo el repertorio de la cestería en mimbre se construye sobre tres formas básicas de pasar la vara entre los montantes. Conocer bien esas tres, y saber cuándo cambiar de una a otra, resuelve la mayoría de las piezas de uso.

Randa sencilla

Una sola vara que pasa por delante de un montante y por detrás del siguiente, hilada tras hilada. Es la más económica en material y la que mejor deja ver el dibujo, pero exige número impar de montantes y obliga a vigilar la tensión: cada vuelta cambia el punto de alternancia y los errores se acumulan.

Tejido por capas

Se colocan tantas varas como montantes, todas a la vez, y cada una avanza un paso por turno. La hilada sube en un plano continuo, el aspecto es muy regular y no depende de que el número de montantes sea par o impar. A cambio, requiere mucho material curado y disponible al mismo tiempo.

Soga o cuerda

Dos o tres varas que se retuercen entre sí atrapando cada montante. No es un tejido decorativo, sino estructural: fija la posición de los montantes, corrige separaciones desiguales y marca las transiciones de forma. Se usa al arrancar el fondo, al levantar la pared, antes del borde y en cualquier punto donde la cesta necesite una cintura firme.

07 — Acabado

Remate del borde y colocación del asa

El borde es la parte de la cesta que más trabaja y la primera que se deteriora cuando está mal ejecutada. El remate más común consiste en doblar cada montante hacia la derecha, pasarlo por detrás de dos o tres montantes vecinos y sacarlo al exterior, repitiendo la secuencia hasta cerrar la vuelta. El resultado es una trenza continua en la que cada vara queda sujeta por las siguientes. Los montantes deben estar bien curados: en seco se parten justo en el pliegue.

Las últimas varas de la vuelta son siempre las más incómodas, porque hay que introducirlas por debajo de las primeras. Un punzón plano abre el paso sin romper el tejido y permite mantener la misma inclinación en toda la circunferencia, que es lo que hace que un borde parezca bien hecho.

El asa parte de un arco de vara gruesa, cortado en punta larga y clavado a ambos lados de la cesta, pegado a un montante y llegando hasta el fondo del tejido para que no se salga con el peso. Sobre ese arco se enrollan varias varas finas, que dan vueltas apretadas y se rematan entrando en el propio tejido del borde. Un asa bien forrada no deja ver el arco y transmite el esfuerzo al cuerpo de la cesta en lugar de concentrarlo en dos puntos.

Comprobaciones antes de dar la pieza por terminada

  • La cesta se apoya sin bailar sobre una superficie plana.
  • El borde mantiene la misma inclinación en toda la vuelta, incluido el cierre.
  • El arco del asa no se mueve al tirar con firmeza hacia arriba.
  • Los empalmes están recortados en seco y no se enganchan al pasar la mano por dentro.
  • No quedan puntas asomando en el interior, donde rozarían el contenido.
08 — Otras fibras

Cinta, enea, esparto y varetas de castaño

El mimbre no agota la cestería. En la práctica del taller conviven otras fibras que responden a lógicas distintas y que conviene no tratar como si fueran lo mismo.

La cinta, plana y de anchura constante, se trabaja húmeda y tejida sobre estructuras de mimbre o de madera. Cubre superficie con rapidez y es habitual en asientos y en piezas de líneas rectas, pero no aporta rigidez por sí sola: necesita un armazón.

La enea, hoja de espadaña recolectada y secada a la sombra, se retuerce en cordón antes de tejerse y se emplea sobre todo en asientos de silla. Se humedece justo antes de usarla y se deja tensar sola al secarse.

El esparto, muy arraigado en el sureste peninsular, se trabaja en crudo o picado tras un largo proceso de curado en agua. Da trenzas, pleitas y piezas cosidas más que tejidas sobre montantes, con una lógica de construcción distinta a la del mimbre.

Las varetas de castaño o de avellano, abiertas con hacha y cuchillo, sostienen las banastas y cestos grandes del norte peninsular. Son láminas, no varas: se doblan en un plano y se rompen en el otro, y eso condiciona por completo el diseño de la pieza.

09 — Después del taller

Secado y cuidado de la cesta terminada

Una cesta recién tejida está húmeda y todavía se mueve. El secado debe ser lento y a la sombra, en un lugar ventilado y lejos de radiadores o de sol directo: al perder agua, las varas encogen y el tejido se aprieta por sí solo. Un secado violento provoca lo contrario, con grietas longitudinales y bordes que se abren.

Durante los primeros días conviene dejar la pieza apoyada en su posición normal de uso, sin cargarla. Si se va a corregir alguna deformación, ese es el momento: en seco ya no hay margen.

Mantenimiento habitual

  • Limpiar el polvo con un cepillo seco de cerda media, siguiendo la dirección del tejido.
  • Evitar el lavado por inmersión y los productos abrasivos.
  • En ambientes muy secos, pulverizar agua de forma puntual y dejar secar a la sombra.
  • No guardar cestas apiladas con peso encima ni colgadas del asa durante largos periodos.
  • Ventilar las piezas guardadas: el mimbre encerrado en húmedo desarrolla moho con facilidad.
  • Revisar el borde y el arranque del asa una vez al año, que es donde primero aparece el desgaste.
10 — Taller

Herramientas y puesto de trabajo

La cestería necesita pocas herramientas y mucho espacio disponible alrededor. El equipo básico se reduce a un cuchillo de hoja corta y bien afilada para cortes en bisel y para abrir varetas, unas tijeras de corte limpio, punzones de dos o tres grosores para abrir paso entre el tejido y un apretador de hierro para asentar las hiladas sin marcar el material.

El puesto importa tanto como la herramienta. Se trabaja sentado bajo, con la pieza sobre las rodillas o sobre un tablero giratorio, y con el haz de vara curada al alcance de la mano y envuelto en un paño húmedo. Cerca hace falta una pila, un depósito o un canalón largo donde quepan las varas enteras sumergidas sin doblarlas. Un suelo que se pueda barrer con facilidad ahorra mucho tiempo: la cestería produce recortes constantemente.

11 — El proyecto

Qué se publica en Trerapurdi

Trerapurdi reúne material escrito sobre cestería en mimbre y fibras vegetales afines, organizado por fases de trabajo en lugar de por tipos de pieza. El criterio es describir procesos que se puedan seguir y comprobar en un banco de trabajo, con los tiempos, los órdenes y las causas de los fallos habituales.

  • Preparación del material: corte, clasificación, secado, remojo y curado.
  • Construcción: fondos, cruceras, montantes, levantada y empalmes.
  • Tejido: randa sencilla, tejido por capas, soga y transiciones entre ellos.
  • Acabados: remates de borde, arcos, asas forradas y recortes finales.
  • Otras fibras: cinta, enea, esparto y varetas de madera abierta.
  • Conservación: secado, almacenaje y mantenimiento de piezas en uso.

Es un proyecto informativo y editorial. No vende materiales ni piezas, no imparte cursos y no representa a ningún taller. Los textos se escriben y se revisan para este sitio, y se corrigen cuando la práctica aconseja matizarlos.

12 — Contacto

Cómo escribir a Trerapurdi

Para correcciones, dudas sobre un procedimiento descrito o propuestas de temas relacionados con la cestería, el canal es el correo electrónico. No hay formularios en el sitio ni registro de usuarios: basta con escribir directamente.

Trerapurdi
[email protected]